Al confirmarnos siervos inútiles”, deseamos reconocer la primacía de Dios sobre nuestra vida y la plena conciencia de que sin su ayuda, nunca seríamos capaces de corresponder a su infinito amor por nosotros.
Conscientes, sin embargo, de nuestros límites, plenamente abandonados a la Divina Voluntad, y con la ayuda del Espíritu Santo, deseamos ponernos al servicio de Jesús Buen Pastor, en la Iglesia, con la Iglesia y para la Iglesia. Los SI están consciente que en este obrar no hay nada excepcional, sino que simplemente se busca corresponder lo mejor posible al amor infinito de Cristo, poniendo en práctica lo que él mismo nos ha dado y que solamente proviene de él. De hecho, «un siervo no es más grande que su Señor, ni un apóstol es más grande de quien lo ha enviado» (Jn 13,16)3 y por esto se quiere obrar el bien de todos en el servicio a la Iglesia, aceptando también ser olvidados. Cuando Jesús invita a reconocernos siervos inútiles, no quiere humillar sino despertar la plena conciencia de saber que en todo momento somos profundamente amados por él y que de él, como «sarmiento de una única vid»4, recibimos todo por nuestro bien.
Los Siervos Inútiles reconocen en la palabra de Dios y en el magisterio de la Iglesia, -que en ella se funda y la sirve con la asistencia del Espíritu Santo (cf Dei Verbum, 10)-, dos elementos constitutivos de la vida del cristiano. Por lo tanto, orientan en ese sentido sus tareas, conformando toda su vida a la inspiración y a la luz del Espíritu Santo que emana de estas enseñanzas. Una particularidad del carisma del movimiento será el estudio y la profundización, del magisterio eclesiástico, para vivir como propio deber cristiano y en respuesta a esta época de relativismo y ateísmo difundido, en plena y solícita obediencia al magisterio de la Iglesia y, en caso de necesidad, unidamente al testimonio de vida católica, también la resuelta defensa y el sostén incondicional al Sumo Pontífice, vicario de Cristo, y al Colegio apostólico y por cada Siervo Inútil al propio obispo diocesano.
Los Siervos Inútiles del Buen Pastor, además, cuidan en modo particular su relación personal con la oración, a la cual reservan siempre un puesto privilegiado en sus vidas cotidianas. Estamos persuadidos, de hecho, que el «“conocer” y el “ser conocidos” en Cristo, y, mediante Él en la Santísima Trinidad, no es otra que la realidad más verdadera y profunda de la oración. En consecuencia, aquél que reza mucho y reza bien, viene progresivamente expropiado de sí mismo y siempre más unido a Jesús Buen Pastor y Siervo de los Hermanos»5.
El amor a la Eucaristía, la práctica constante y consciente del sacramento de la Penitencia, la tarea seria de la santidad ordinaria –realizada en el mejor cumplimiento del propio deber cotidiano, en ese estado en que se encuentra por voluntad de Dios-, son la base y completan la espiritualidad de los Siervos Inútiles del Buen Pastor.
Vivimos la espiritualidad del siervo «inútil», según acepción bíblica del término, o sea, en el divino servicio con la total gratuidad del amor y conscientes de la propia pobreza.
Encontramos en María Santísima el modelo insuperable de nuestro estilo e ideal de vida y a ella le profesamos una singular devoción.
Por esto, los Siervos Inútiles tendrán siempre como referencia perpetua a María, «la Virgen del Sí», aquella que encarna el prototipo más concreto de espiritualidad del don; aquella que, a través de su abandono confiado y oblación total de sí misma a Dios, se vuelve instrumento universal de paz y de amor y, por estas razones, «la Madre del Buen Pastor, María Santísima», es la creatura que más que ninguno puede ayudar a los Siervos Inútiles a descubrir «el hombre nuevo, creado según Dios en la justicia y en la verdadera santidad» (Ef 4,24).
Así, cada uno, después de haber puesto en el centro de la propia vida a Cristo y a su Evangelio, podrá tener una particular devoción hacia ese santo o esos santos que, según la propia historia y/o sensibilidad personal, lo ayudarán de la mejor manera a seguir a Jesús y a la Iglesia, como enseña el apóstol Pablo cuando exhorta: «Traten de imitar a Dios, como hijos suyos muy queridos» (Ef 5,1); «Sigan mi ejemplo, hermanos, y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado» (Fil 3,17).
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3) Además Mt 10,24; Jn 15,20
4) JUAN PABLO II, Christifideles laici, Exhortación Apostólica post-sinodal sobre las vocaciones y misiones de los laicos en el mundo, n° 18
5) BENEDICTO XVI, Homilía del VI Domingo de Pascua, 3 de mayo de 2009.